“Ciertas cosas sucederán En la historia
Si oramos de manera correcta” - Richard Foster
Hechos de los Apóstoles… qué libro!!... es dinámico, vivencial, e inspirativo.
El espíritu Santo ya no es una promesa anunciada, es una realidad cumplida, impregnando de poder sin igual a un grupo de hombres y mujeres que anunciarán como nunca antes que la tumba fría y prestada de José de Arimatea no pudo contener a Jesús de Nazaret. El resucito de entre los muertos y ahora es el Salvador y Señor que comisiona a ese grupo llamado iglesia para representarle como el “Cuerpo Visible” donde quiera que vaya.
Experimentarán el poder sobrenatural de Dios actuando en y a través de ellos.
Nunca más serán los mismos; serán los agentes de cambio que años después un disgustado tesalónico gritará ofuscado: –Estos que trastornan al mundo entero, han venido también acá-.
Hechos es más que una clasificación de libro histórico: es la historia de la iglesia afectando a la historia de toda la humanidad.
Pero qué es lo que provoca tan imponente influencia?
Y la respuesta es sencilla y sintética: la oración.
Una rápida mirada a nuestras biblias nos confirma que cuando la iglesia ora Dios interviene, y las personas y sus circunstancias son cambiadas.
La casa del Aposento Alto es el primer escenario donde ocurre éste fenómeno espiritual.
Los ciento veinte está reunidos en oración, el ambiente es de unidad y los ruegos son como los de una sola persona. En el día décimo el Pentecostés llega y El Espíritu Santo se derrama sobre ellos y el milagro de las lenguas, las maravillas de Dios y una predicación impactante de un Pedro lleno de palabras ungidas son transmitidas a una multitud de 3000, pasando a abrazar el evangelio con el mismo fervor que esos discípulos del balcón tenían.
El cambio había comenzado y aún la comunidad de Jerusalén no pudo quedar ajena a las circunstancias.
Luego, en otro sector de la ciudad, otro encuentro de oración es necesario. La intercesión es urgente por Pedro y Juan quienes han tenido la preciosa “locura” de predicar a la representación mas alta de la religión judía: El Sanedrín.
Ellos han sido soltados, les ha sido prohibido seguir predicando, pero el líder de intercesión comienza a elevar su voz y todo ese grupo acompañando al unísono.
Dios tiene todo bajo control. Oran con la palabra escrita, y proclaman la Unción del Señor. Entonces el pedido es más específico: ser cubiertos de las adversidades mientras la palabra es predicada y las sanidades, señales milagros y prodigios se manifiesten.
Y el encuentro no termina con una alabanza o palabra final, sino con la manifestación del Espíritu haciendo temblar el lugar y todos fueron llenos del Espíritu Santo.
Así que la generosidad era algo natural, el orden y la autoridad conservaban a la iglesia sana, el ministerio era constante y líderes llenos de la gracia de Dios como Esteban se levantaban para ser testigos hasta las últimas consecuencias.
Y cuando más eran perseguidos, más afectaban con el evangelio de Cristo, viendo a un Felipe predicando en Samaria y en el desierto; tanto fue que ni un implacable Saulo de Tarso pudo resistir la Gloria de aquel Jesús que le salió al encuentro y lo hizo caer rendido a sus pies. Damasco, Lida, Jope, Cesarea eran alcanzadas por la predicación y las murallas de judíos y gentiles comenzaron caer. Si, ellos habían pedido, pero no sabían en la magnitud que Dios les respondería.
Y por último, la casa de María la madre de Juan Marcos, aquel que años después escribiría el segundo evangelio, se dieron cita para orar nuevamente por Pedro, quien es liberado milagrosamente por el ángel de la cárcel y el testimonio avivó el tiempo de oración aquella noche. La palabra y el poder del Señor se manifestaba y ya el ministerio de categoría internacional con un Pablo y Bernabé comenzaba su primer viaje misionero fuera de Antioquia, dejando abierta la puerta del relato histórico de Los Hechos y como algunos comentaristas han dicho, no se ha cerrado porque hoy nosotros continuamos escribiendo la historia de la iglesia.
Este año proseguiremos con las Cumbres de oración; una distinta de otra; con distintas expectativas; diferentes formas de realizarlas y tematizarlas.
Pero todas ellas con un solo fin: Seguir cambiando la historia de nuestros barrios, ciudades, provincias, nuestro país todo, para que ese Señor y Salvador del tiempo de la iglesia primitiva, aquel que conocemos y servimos de forma personal y como cuerpo, impacte con su Poder las necesidades de una humanidad sin Dios.
Rvdo. Raúl Lazcano